A LA COMUNIDAD ACADÉMICA:


Agradecer a las facultades de Arquitectura, en especial a los Decanos, Directores, Docentes y Estudiantes la valiosa participación y colaboración en este medio de comunicación que unirá aun más nuestro ejercicio por una mejor comunidad académica preocupada por la enseñanza de la arquitectura en Colombia.

Presidente
ACFA

¿Cual es el papel del Dibujo, en la Enseñanza de La Arquitectura en Colombia?

¿Cual es el papel del Dibujo, en la Enseñanza de La Arquitectura en Colombia?
PREGUNTA DE HOY // Ilustración a mano en papel cuadriculado -Elaboro Arq. Luis Antonio Guzman

LA ACADEMIA RESPONSABLE DE UN MEJOR FUTURO DE LOS TRABAJADORES DEL SECTOR DE LA CONSTRUCCION"

Ministerio de protección social - Comisión Nacional de Salud Ocupacional

Los precios bajos en la mano de obra al destajo, obligan a ayudantes, operarios, oficiales, pequeños contratistas y hasta maestros de obra (técnicos o tecnólogos) a trabajar 12 horas y más horas diarias para acceder a honorarios equivalentes a un salario mínimo. Así mismo esta categoría de informalidad no les da la posibilidad de cobertura a la seguridad social y a los derechos mínimos legales que se dan en los contratos laborales.

La actividad de la construcción está catalogada como clase V, es decir como de alto riesgo, que se traduce en una actividad en la que se tiene una probabilidad tres veces mayor de causar muerte y dos veces mayor de dejar personas lesionadas que en los demás sectores productivos.

En Colombia de acuerdo a estadísticas del Instituto de Seguros Sociales los procesos de mayor accidentalidad son:
· Cimentación y Estructura 48.6%
· Excavación 16.2%
· Acabados 12.4%
· Colocación de muros y techos 10.9%
Los riesgos presentes de mayor relevancia son:
· Trabajo en alturas 30.3%
· Caída de materiales 15.8%
· Estado e instalación de equipos de trabajo 9.6%
· Manejo de herramientas y equipos 5.8%
· Falta de señalización y orden 5.6%
· Fallas en el desarrollo de la obra 4.9%
· Factores Psicosociales 1.5%
· No usar o no disponer de elementos de protección 1.3%
Los accidentes frecuentes mencionados por los trabajadores son:
· Caída del trabajo o caída de altura 41.2%
· Daño físico (Pinchazos, machucones, mutilación, herramientas y máquinas)
· Golpe por caídas de materiales, herramientas o equipos 13.5%
· Fallas en equipos en la obra, descargas eléctricas 4.8%
Las causas de los accidentes son:
· Descuido 25.2%
· Trabajo no protegido 25.4%
· Pérdida de control 15.4%
· Construcciones defectuosas, sin señalización 13.09%
· No revisión de áreas de trabajo, equipos, herramientas y maquinarias 8.5%
· Transporte de material 30.7%

Del total de trabajadores del sector de la construcción afiliados al Sistema General de Riesgos Profesionales, se accidentaron en el año 2006, 40.951, es decir el 13.48%. Del total de accidentados murieron 16 por cada 1.000 accidentados; quedaron inválidos 16 por cada 1.000 accidentados, con incapacidad permanente parcial quedaron el 4.8% de los accidentados.

Esta falta de conocimiento tanto de las responsabilidades legales (Laboral, civil, penal y administrativa) como del tema de la seguridad industrial y la salud ocupacional, por parte de los dueños de las obras, empleadores, contratistas y profesionales posiblemente radica a la ausencia de estos contenidos de los programas de formación académica que las universidades de nuestro país, ofrecen en las carreras de arquitectura e ingeniería civil.

Al revisar muchos de los programas académicos de estas carreras en la gran mayoría de las universidades, encontramos materias como cosmovisión, ética, filosofía, etc., que se imparten desde el primer semestre hasta el décimo, pero no aparece por ningún lado los contenidos de el como proteger la vida y salud de los trabajadores.

gmaldonado@minproteccionsocial.gov.co.

CAMINOS QUE FLUYEN Y CAMBIAN POR MULTIPLES FACTORES

Una tarea fundamental que compete a este trabajo editorial de ACFA, es el deseo de contribuir al establecimiento de la realidad escolar en la formación de los arquitectos, la de mostrar el desarrollo del grupo apoyando el ámbito académico universitario y generar preguntas, lo que ya de por si resultaría altamente significativo.

El material que entregamos en este numero como tributo al arq. Rogelio Salmona, también debe ser tratado como material de estudio, los proyectos de grado, los resultados del II concurso Convive, los artículos y material de selección que suministran las facultades de arquitectura; la Asociación Colombiana de Facultades de Arquitectura les hace “promoción” pero sin perder de vista el papel del maestro y su relación con los que educan y participan en sus discusiones, los alumnos que utilizan fuertemente la tecnología como herramienta de dibujo. Es este un espacio para que se expongan ideas que perfeccionen el funcionamiento de la academia, la escuela, la facultad y tiendan progresivamente el mejoramiento continuo para llegar infinitamente a determinaciones múltiples.

La escuela, algunas veces realiza análogamente la preparación para el “trabajo-compromiso profesional” con la “transmisión-imposición” de corrientes del momento, muchas veces ajenas a la realidad del país. Pero también es cierto que a veces no es la escuela, son algunos arquitectos-docentes que repiten el mismo esquema como fueron enseñados o que siguen una corriente por convicción personal que se ve reflejada en los proyectos que dirigen, convirtiendo en ocasiones al estudiante, en el dibujante de sus apetencias personales; agregando por demás que salen representando el que hacer de una facultad. Son estas y algunas otras reflexiones que pretendemos empezar con la exposición de motivos de grado que no necesariamente representan pensamiento de escuela o facultad.

Para terminar esta nota, señalamos algunas interrogaciones de estudiantes y docentes referentes a los proyectos, enfoques y herramientas, que por su pertinencia vale la pena mencionar:

1ª ¿La educación de los arquitectos en Colombia sigue fuertemente influenciada por revistas, libros, edificaciones, corrientes de países con mayor desarrollo editorial, tecnológico y producción académica?

2º ¿Los proyectos académicos, los concursos y los proyectos de grado de las facultades de Arquitectura, son concebidos con cortes internacionales que se agencian fuera del país, a partir de la emulación de estereotipos que desarrollan Arquitectos europeos y americanos como instrucción?

3º ¿Los arquitectos que escriben en el pais siempre son los mismos?

Son preguntas, aseveraciones que se siguen fundando, de las que cada lector tendrá su propia respuesta.

Arq. Rubén Hernández Molina
Director Revista HITO

Asociación Colombiana de Facultades de Arquitectura

HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS Cartagena

HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS Cartagena
Cronica publicada en diario El Tiempo el dia 23 de Junio de 2009 enviado a la revista HITO por la ARQ. SANDRA DUQUE

CRONICA DE UN HOSPITAL SIN MEDICO


Se comía plátano todos los días, pero los huevos escaseaban. El vino se usaba para curar males como la gripe, y el carbón para ungir a los enfermos. Se atendía a los más pobres y se salvaba la vida a los soldados sin que, al parecer, hubiera un médico. No es una historia mágica. Es lo que, a fines del siglo XVIII, realmente pasaba en el antiguo Hospital San Juan de Dios de Cartagena de Indias, una institución que a pesar de una enorme precariedad económica salvó la vida a miles de soldados y necesitados.

Éstos son sólo retazos de la larga historia que se esconde detrás de un hospital que sobrevivió a las más duras batallas del siglo XVIII, época en la cual la Corona Borbónica Española intentaba llevar a cabo una reforma sanitaria, tanto en España como en sus colonias americanas. En la Nueva Granada, lo que se buscaba era sanear los espacios urbanos, sacar los cementerios de las ciudades, luchar contra las epidemias, reestructurar los hospitales, y hasta poner en circulación más libros sobre salud (Alzate, 2007).

Esa nueva política de salud se dirigía, especialmente, a la población libre mestiza, juzgada “dispersa y desordenada”, que formaba lo esencial de la reserva de mano de obra de ese territorio. En síntesis, había que elevar el nivel de salud de los “vasallos”, para así evitar enfermedades y epidemias que reducían la población y destruían el poco excedente de la producción. Todo se trataba de aumentar la riqueza de la Corona.

Una importante labor

Pese a los esfuerzos y al establecimiento de esa política, muchas de las pretensiones de la Corona se quedaron en el papel. La permanente falta de recursos de la Nueva Granada originó situaciones funestas para la salud pública. En los hospitales, el hacinamiento no daba tregua, por cuanto no había manera de ampliar los espacios para los enfermos pobres, cada vez más numerosos; existían graves problemas de dotación, de instalaciones, de instrumentos y de botica; escasez de alimentos para los enfermos y una notoria insuficiencia de personal, aunque los recursos llegaban a la institución de muchas partes: legados, donaciones, limosnas, rentas urbanas y aportes reales; nada parecía suficiente.

Las quejas sobre el mal funcionamiento no cesaban. La penuria era un mal que se regaba como epidemia por todos los hospitales del territorio. La historia de estas instituciones fue, de alguna manera, la de un via crucis, de una agonía constante, salvo durante algunos pocos períodos en los cuales, si bien no eran autosuficientes, sus condiciones fueron menos dramáticas.

El hospital de puertas abiertas La lista de hospitales que se sostenían en condiciones muy precarias era bastante nutrida. Cada caso era dramático, así lo corroboraba el escenario del Hospital San Juan de Dios de Cartagena de Indias. Esta institución, que se fundó con tan sólo 100 camas en 1596, desde su nacimiento estuvo destinada a vivir en privación. Su situación era simplemente angustiante. Prueba de ello fue el informe que, a principios del siglo XVIII, el cirujano sevillano residente en Cartagena, Pedro López de León, presentó a las autoridades reales.

Allí, alarmado, señala que al establecimiento llegaban todos los “enfermos de flota y armadas”. Dice también que el número de enfermos se elevaba a ciento cincuenta o doscientos, por lo que “siempre está el hospital lleno” (Solano, 1998, 68). “El Hermano Fray López de San Juan de Dios, en nombre de la ciudad de Cartagena de esa Provincia, me ha hecho relación, que sin los naturales, son más de mil personas las que allí se curan cada año, de las armadas y flotas,
y otros navíos que van a la dicha ciudad, y que el dicho hospital es tan pobre, y la renta y limosna tan tenues, que es imposible curarse los enfermos que a él ocurren, y causa que se mueran mucho, suplicándome atento a ello, y que no tiene de renta más que mil pesos […] y son necesarios más de diez mil cada año” (Citado por Aristizábal, 1998, 118-119).

Las palabras de este escrito dibujaban la difícil situación del San Juan de Dios; un hecho complicado de solucionar porque, durante el siglo XVIII, Cartagena fue una “ciudad militar”, lo que explica la gran cantidad de tropa y de marinos que recibía el hospital. La ciudad estuvo siempre en pie de guerra para defenderse del ataque de las tropas extranjeras y el hospital enfrentó, indirectamente, estas situaciones: España e Inglaterra (1701-1713), Guerra de Sucesión (1739-1748), Guerra de la Oreja de Jenkins (1761-1763), la participación de España en la Guerra de los Siete años (1779- 1783) y la Guerra de “Independencia de las Trece Colonias” (EE.UU) en 1793 (Kuethe, 1993, 407).

Soldado herido, pero no vencido

El hospital brindaba refugio y ayuda a los soldados enfermos o heridos, y a los pobres con las más diversas dolencias; por eso las autoridades hacían un enorme esfuerzo por mejorar la situación de la institución. En 1763, el hospital contaba con trece religiosos que trabajaban por esa causa, cuyo promedio de edad era de 32 años. El Prior era el director superior o prelado ordinario, los consiliarios eran sus consejeros en diversos aspectos; el enfermero mayor supervisaba las tareas de los demás enfermeros, quienes vigilaban aspectos como la limpieza de las camas, las salas, el lavado de instrumentos, barrido, ventilación de salas y realización de sahumerios, entre otros.

El capellán (también con funciones de procurador) y el sacristán estaban encargados de lo relativo al culto y a la vida espiritual de los enfermos. El despensero, por su parte, se ocupaba del cuidado de la despensa: compra diaria, el reparto y la distribución de lo necesario para el sustento de quienes estaban en el hospital. Mientras que el ropero se dedicaba al cuidado de la ropa. En cuanto a los médicos, no se encuentran referencias que indiquen que había presencia de ellos en la institución. Quizá éstos realizaban visitas periódicas, lo cual pone en evidencia que podía existir un hospital sin médico.

No obstante, pese a estos curiosos registros de la historia, en 1763, en esta institución se curaron cerca de 3.050 enfermos, entre los cuales había soldados, “otras gentes de las armadas”, pobres y “negros de las fábricas”. Por ello, los religiosos y el personal eran muy reducidos para servir a “tantos necesitados”. El San Juan era un hospital sobrepoblado, donde reinaba el hacinamiento y en donde aumentaban más las enfermedades que las personas aliviadas. El padecimiento de la institución era crónico.

El tiempo avanzaba y nada parecía mejorar. Un informe de 1778 muestra el deterioro de su situación: “Hállase en el más lastimoso de los estados, por la mala asistencia de sus enfermos, que consisten en pobres de solemnidad, soldados de tierra y marina, esclavos del Rey y presidiarios, porque sus camas unas son de tabla y otras son de cuero pero la mayor parte sin colchón ni estera, tocando sus huesos en esos duros lechos y la aflicción y dolores de sus males se hacen más graves por la unión de unos con otros. […] Hace relación el infeliz estado de la fábrica material del mismo, la cual amenaza próxima ruina, con urgente necesidad de quitar las goteras antes del próximo invierno, pues de otro modo no podrían los enfermos subsistir en las salas, porque en ellas entran las aguas”. Un desangramiento presupuestal La dramática situación era inocultable y, sin embargo, todo debía seguir funcionando.

Los enfermos no paraban de llegar, debían ser atendidos, medicados y alimentados; el hospital tenía que enfrentar la furia de los gastos. La dieta diaria de los enfermos era agotadora para el bolsillo, por eso debían solicitar a los habitantes acomodados donaciones de carne, pollo, verduras o frutas. Algunas siembras se obtenían de los huertos de los conventos, mientras que las crías se conseguían de los gallineros que tenía la gente. Así, con las limitadas opciones, la alimentación diaria era invariable, los enfermos comían, casi siempre, lo mismo.

Plátano, el pan de cada día

Plátano, el pan de cada día
Había un significativo consumo de este tubérculo en el hospital, pues, así como en la actualidad, era un producto clave en la alimentación y en la economía de la mayoría de los países tropicales. Los valores sociales y culturales construidos alrededor de esta planta, hasta
hoy día, forman parte de la identidad de los pueblos, así como de su paisaje natural.

La carne res y la gallina, en la carta cotidiana
La gallina se comía en el almuerzo y en la cena. Por su parte, la carne se consumía en la sopa o asada (como figura en varios registros). Era seguramente de res, dado que la costa era una región ganadera.

Sabor y sazón
Para condimentar se empleaban el azafrán y el comino. Estas especias no poseían, en principio, una función culinaria, sino terapéutica. Por ejemplo, durante el Renacimiento los médicos las recomendaban para sazonar las carnes y, así, volverlas más digeribles, porque las especias ayudaban a mejorar el proceso de la digestión.

El arroz, menú central
Tenía un lugar sobresaliente en la dieta de la gente del común y de la hospitalaria. En las provincias del interior, como en la de Antioquia, este producto “se traía de la Costa Caribe y del Valle del Cauca, y parece haber sido introducido por los jesuitas a mediados del siglo XVIII” (Estrada, 1996, 56). Según el
Reglamento para el gobierno interior de los hospitales de Cuba, el arroz tenía, sobre todo, un uso medicinal por su calidades “refrigerantes”, nutritivas, “dulcificantes de la acidez de los humores, y moderativo de la sangre en su rápido movimiento”.

Entre uno y otro, los gastos en alimentación para el mantenimiento de “la tropa” eran elevados. En tan sólo un período (febrero de 1778), las compras ascendieron a $1.969 pesos aproximadamente, de los cuales sólo $549 fueron invertidos en los pobres y religiosos. Esto indica que el 21,80% del dinero se consagró a la alimentación de los más necesitados. En cuanto a los gastos de las medicinas suministradas a los enfermos, en general fue de $698 pesos.

Entre sumas y restas, los archivos revelan que el total de los gastos de “la tropa”, durante dicho tiempo, fue de $2.667 pesos, mientras que el total de sus ingresos fue de $1.800, lo que muestra un desbalance de $867 pesos. Esa era la cotidianidad del hospital: vivir en déficit. Pero no sólo la despensa dejaba sin aliento a la entidad, sino que el pago de los salarios era imposible de eludir.

A diario, se pagaban los sueldos de 45 empleados: una lavandera, 19 empleados (sin que se especifiquen su tareas); 2 mozos de unciones, un cocinero, 2 mozos de botica, 12 asistentes para los enfermos, un practicante de botica, 2 aguadores “de agua del pozo” (transportaban el agua) y 3 mozos de limpieza. Fuera de estos empleados, el hospital contaba con 16 religiosos, lo que daba un total de 61 personas. En general, se pagaban 55 reales, es decir, $6.875 pesos (1 peso equivale a 8 reales en la época).

Así, el Hospital San Juan de Dios contó siempre con ingresos insuficientes para ocuparse de una cantidad creciente de tropa, esclavos y enfermos pobres. Por eso, y pese a todos los esfuerzos, el hospital que consoló y cuidó, no tuvo, durante el período colonial, un solo momento de prosperidad.

El cuerpo y sus sangrias

El cuerpo y sus sangrias
de un hospital sin medicos

CONSEJO PROFESIONAL DE ARQUITECTURA Y SUS PROFESIONES AUXILIARES

Vigilancia y Control del ejercicio profesional de los Arquitectos y de los Profesionales Auxiliares de la Arquitectura.

El Consejo Profesional Nacional de Arquitectura y sus Profesiones Auxiliares (CPNAA), es el órgano estatal encargado de controlar, vigilar, promocionar y fomentar el ejercicio ético de la profesión en Colombia, según se encuentra definido en la Ley 435 de 1998. En cumplimiento de estas labores misionales el Consejo Profesional, mantiene y actualiza el Registro Nacional de Arquitectos y Profesionales Auxiliares, y ejerce el control disciplinario sobre los profesionales, con lo cual se garantiza la dignidad de la profesión. Estas labores de regulación profesional se complementan con labores de promoción y fomento de la calidad académica y profesional.

Destacamos entre los proyectos de inversión en fomento al ejercicio profesional ético: la serie “Documentaciones sobre práctica profesional”, de la cual hacen parte tres documentos disponibles gratuitamente a través de nuestro sitio web; el concurso de ideas y anteproyecto arquitectónico de vivienda de interés social y hábitat popular Convive; las ceremonias solemnes para la entrega de tarjetas profesionales, el extenso plan anual de visitas regionales a Instituciones de Educación Superior; el Diagnostico preliminar sobre la calidad del hábitat en Vivienda de Interés Social en Colombia, entre muchos otros.

Lo invitamos a conocer y a participar de nuestros programas y proyectos:
Boletín informativo No. 12 Junio de 2008
http://www.cpnaa.gov.co/
info@cpnaa.gov.co
Subdirección de Fomento (1) 3502700 Ext. 115 y 112

SOCIEDAD COLOMBIANA DE ARQUITECTOS

La SOCIEDAD COLOMBIANA DE ARQUITECTOS es una asociación de carácter civil, de interés profesional, sin ánimo de lucro, cuya finalidad consiste en fomentar la arquitectura y el urbanismo, cultivar la ética profesional del arquitecto y orientar las relaciones de los arquitectos con el Estado, con la comunidad a la cual sirven y de los arquitectos entre ellos.La SCA es Cuerpo Consultivo del Gobierno Nacional por Decreto 1782 del 8 de junio de 1954, ratificado por la Ley 64 de 1978, por el Decreto 2623 de 1995 y por la Ley 435 de 1998.Desde el momento de su fundación, la SCA viene desarrollando un trabajo constante en torno al tema del ejercicio profesional de la arquitectura. Dentro de los logros obtenidos en tiempo reciente se encuentra el reconocimiento por parte del Estado de la diferencia e independencia de las actividades desarrolladas por la ingeniería y la arquitectura y como consecuencia la creación del Consejo Profesional Nacional de Arquitectura y sus Profesiones Auxiliares, mediante la Ley 435 del 10 de febrero de 1998.

CONVOCATORIA DE REVISTA HITO primer semestre 2009

CONVOCATORIA DE REVISTA HITO primer semestre 2009
La revista HITO medio de comunicación de las Facultades miembros de ACFA , abre la convocatoria de su edición Nº 24 a proyectos, artículos, resultados de investigaciones, ponencias, escritos y demás producciones académicas. La publicacion pretende brindar apoyos, y espacios editoriales para cada facultad asociada, presentados por profesionales, docentes, investigadores y estudiantes que cumplan con las condiciones previstas en la convocatoria y con los requisitos. Este material en lo posible deberá corresponder a una muestra representativa de la producción académica a nivel nacional, y tendrá el propósito de fortalecer los diferentes campos del conocimiento de la profesión, así como garantizar las condiciones y oportunidades para el ejercicio de los derechos de cada facultad de manera participativa. Es decir la revista no se concentrara sino, mostrara un panorama de significados a nivel Nacional.

HITO - REVISTA DE LA ASOCIACIÓN


Requisitos para publicación

Sobre los proyectos:

Deben contener archivos debidamente identificados
(Ejemplo: Corte transversal. Proyecto Parque San Luis.Dwg)
y separados de:
• Localización o ubicación
• Fotografías y/o renders del entorno, referentes del proyecto,
maqueta indicando la vista (lateral, frontal y de
techo)
• Logosímbolo (Iconografía o isotipo) de la Universidad de
procedencia
• Cortes, fachadas, plantas y perspectivas (sin líneas de
cota o grillas, en archivos sueltos)
• Las cotas, curvas de nivel deben estar en layers diferentes
del contorno lo mismo que el entorno de dibujo (paisaje)
• Si existen vínculos fotográficos verificar que estén en la
carpeta total del proyecto.
• Un comentario del proyecto no mayor de tres párrafos.
(Como archivo de texto)
• No se aceptarán proyectos presentados en Power Point
• Las imágenes deben estar separadas y con su identificación
(Ejemplo: Lote de intervención. Proyecto San Luis.jpg).
Los proyectos presentados en Power Point, en páneles de
Corel o Word con imágenes pegadas o archivos con
extensión PDF, solamente servirán como referencias mas
no como elementos de trabajo.

Sobre los artículos, ensayos ponencias o escritos:

• Presentación máxima de cinco páginas tamaño carta,
fuente arial, cuerpo 12, interlineado (espaciado) sencillo.
• Los textos deben tener redacción lógica y buena ortografía.
Pueden presentarse en Word u otro editor de texto,
en archivo independiente. No debe incrustarse las imágenes.
Debe haber una carpeta separada con las imágenes
donde sean claramente identificables. Nombradas con el
pie de foto y el crédito fotográfico.
• Si lo requiere como referencia mas no como material de
trabajo puede enviar el archivo de texto con las fotos pegadas.
• Los artículos que contengan bibliografía o notas deben
usar la norma técnica sobre la posición del autor editorial
página titulo,…etc.
• Se deben incluir 10 palabras clave y resumen en máximo
un párrafo.

Sobre las imágenes:
No usar imágenes de Internet o inferiores a 800 x 600 pxl o
más si se requiere aumentar el tamaño. El formato puede ser
jpg o tif en lo posible no usar imágenes bmp (No son de buena
calidad y si son muy pesadas, es un formato muy antiguo).
En general los trabajos deben contener material suficiente
mas no de sobra con sus creditos correspondientes.
Presentación:
Toda propuesta debe contener:
• Título
• Lugar donde se plantea el proyecto
• Clasificación (Proyecto, artículo, ensayo, ponencia…etc.)
• Autoría y dirección o asesoría
• Correo y números telefónicos del autor
• Universidad de procedencia
• Departamento, Facultad, Escuela…etc.
• Ciudad de procedencia
- Carta a la revista HITO AUTORIZANDO la publicación

Notas:
Los trabajos que no cumplan con los requisitos
se someterán a un descarte como primer mecanismo de
selección.
Los artículos que no cuenten con material gráfico (Ilustraciones y/o fotografías), se les asignará a conveniencia y escogencia por parte del Comité Editorial el material mas adecuado.
Los trabajos se recibirán digitalizados, almacenados en
medio magnético (CD o DVD) y acompañados de su
correspondiente memoria impresión, para verificación de
contenido.
Procurar que sea un solo disco por trabajo presentado
obligatoriamente marcado.

Consultas:
revistahito@gmail.com
Recepción de material
Revista HITO
Propuesta de publicación
Carrera 6a Nº 26 - 51 Of. 401
Teléfonos: 286 7172 • 243 1538
Bogotá D.C., Colombia

CARTA DESDE EL CENTRO DE LA PERIFERIA

CARTA

De: la Ciudad de San Juan de Pasto
Para: Mis Ciudadanos
(saltimbanquis, oficinistas y artistas; presos y reinas; maricas y concejales; alcaldes y prostitutas; enanos y negociantes; estudiantes y conductores; ventrílocuos y periodistas; desplazados y mercaderes; indigentes y gerentes; señoras y señores perdidos en la ciudad y que ya son parte del paisaje)

Jaime Alberto Fonseca González*



Cuando comprendes que no eres el centro, también comprendes que no hay un centro en la existencia o que el centro está en todas partes. O no hay centro y la existencia existe como totalidad, como integridad sin centro, o cada átomo constituye un centro. El místico y teósofo alemán Jacob Boehme dice que el mundo está lleno de centros, que cada átomo es un centro, y que no existe la circunferencia […] centros por todas partes y ni una sola circunferencia. Existen estas dos posibilidades. Ambas significan lo mismo; únicamente los términos son diferentes y contradictorios, pero en primer lugar tienes que convertirte en centro.


Desde hace casi quinientos años, y después de haber sido escenario de cruentas batallas con armas, de días soleados y lúgubres también; después de haber pasado por períodos de armonía con mis alrededores, y soportando ahora las luchas por el dinero y el poder, quiero decirles unas cuantas palabras de lo que siento que han sido mi destino y mi vida. Estas palabras no pretenden nada, ni configurar un nuevo rostro, ni ser retórica para ningún alcalde, ni siquiera que se tome partido inmediato sobre lo que siento y me sucede. No; simplemente, como el diván de los humanos, esta carta es instrumento para el desahogo, porque, aunque he tratado de comunicarme con ustedes de diferentes maneras a lo largo de mi historia y de mi edad, pocas veces he sido entendida o escuchada, y quiero aprovechar esta oportunidad para lanzar mis palabras al aire.
Soy una madre prolífica: no hago más que parir ciudadanos y, como si ello fuera insuficiente, recibo adoptivos e intermitentes, todos hijos anónimos y amontonados que, sin importar ni procedencia ni estatura, se convocan en mis espacios abiertos para lo colectivo, y en los cerrados para la intimidad, en donde los prestidigitadores y la señora que va a la tienda y al mercado se cruzan a diario, armando la vida en las ventanas, en los balcones y en las terrazas cuando los edificios son bondadosos para dejar conversar con los demás.
El pretexto para contar lo que quiero serán los hechos físicos que me dan definición como el subterfugio más legible de mi existencia, pero indudablemente refiriéndome a los hechos humanos que se han sucedido sobre mis intersticios, como producto ineludible de la acción social y entendiendo que toda la configuración, con su belleza y sus cicatrices, no es más que el reflejo de la vida que transcurre en mi lecho.
La complejidad del espíritu urbano se torna contradictoria en cada acto, en cada extremo, en cada detalle, porque, si hay algo que se aproxime a la complejidad anteponiéndose a la sencillez, es mi vida de urbe, escenario de confrontaciones y de amores imposibles, telón de fondo de vidas absurdamente unidas en lo aleatorio del tiempo y del lugar. Parezco demostrar permanentemente que la voluntad humana no existe, que el tiempo esculpe la vida de los hombres como el viento a la roca. Vidas que se cruzan tan cerca pero que permanecen tan lejos…


Mis flujos

Desconozco las razones por las cuales por mis venas ya no corre con fluidez el sonido sosegado de los pasos contra el suelo. No sé en qué momento la repetitiva y armónica trama de mis flujos vio entrometerse y entronizarse el recorrido motorizado por encima del tradicional transcurso a pie. Sé que en otras hermanas de mi misma condición, pero de mayor tamaño y actividades mas intensas, la suplantación del encuentro a escala entre ustedes por el ronroneo de los atiborrados coches se justifica por la instrumentalidad del mundo actual, aunque no lo comprendo. Pero sentir que mis tradicionales calles empedradas, mesuradas y paramentadas, que proveían encuentros, se hayan liquidado y reducido a andenes de un metro para garantizarles el paso a los recintos rodantes me parece bochornoso y desequilibrado. Los pasos de ustedes, habitantes cotidianos o esporádicos, se han vuelto también una función instrumental sin más sentido que el traslado, cuando otrora me regocijaban la parada, el encuentro casual en la plaza y en el recinto, la conversación oportuna y lúcida en la esquina.
Pero más crítico aún me parece que ese modelo de zócalos reducidos para el tránsito se repita en las nuevas plegaduras que continúan construyéndome. Los espacios para el encuentro —el parque del barrio, la plazoleta, el patio, las flores, los árboles, la calle…— han perdido ese sentido del cruce efímero con la sonrisa casual, sin una sombra que proteja las palabras y las miradas de los transeúntes desprevenidos; y, a pesar de tener las lámparas oportunas para la noctámbula cita, da miedo, en su desolada perspectiva, el encuentro con la luna.
Pero sin chovinismo ni melancolías o nostalgias insufribles, creo inevitable e incluso necesario el ruido de los engranajes, así como juzgo prioritario el ruido que sale de los diesel más alargados que anchos, pues éstos justifican el humo que expelen con el traslado de un mayor número de ustedes. Sin embargo creo que quienes acostumbran andar en motores individuales no saben de la indignidad y el peligro ni de frenadas violentas, apretujones y contactos corporales inevitables y a veces abusivos; tampoco se deben percatar del estresado guía del “dirigible”, que lucha por una moneda para llenar con creces los bolsillos del propietario, alguien a quien ni siquiera le interesa si el traslado fue cómodo o si la muerte y la mutación se producen en el trayecto.
Hablando de la forma de realizar y seguir los flujos, me parece curioso y anecdótico que el modelo de caballo de metal movido por sus piernas humanas se cuele en mis venas tan sólo los domingos como réplica de lo que sucede en una capital remota. ¿Será que el modelo sólo funciona para mostrar la cara del ego en el exterior pero no sirve para promover efectivamente en la movilidad cotidiana el hábito latente, inventado por nadie, de algunos estudiantes universitarios y muchos alarifes que se desplazan a diario sin contaminar y marchando a un ritmo más acorde con la mirada y con la velocidad de las piernas que la de los motores expelentes? Tal vez cuando el aire de las mañanas y los ocasos de verano nos muestre una mancha gris intensa en el hielo, se entienda que es un asunto de vida y no un sofisma alardeante el de los caballitos de acero.
Me torno en la memoria como una persona más, como sucesos contenidos en plazas y en calles, con sus imbricaciones y sus dudas, con los olores y las tardes, con la lluvia que cae sobre el asfalto y sobre los cerros como marco. Mi naturaleza es abandonar y recibir, nunca olvidar; en cada lugar hago recordar una y mil historias que se convierten en el telón de fondo de la vida, imposible de desligar de los sueños y de la monotonía cotidiana, que son huella y delirio de la gente, de mis habitantes.
Sin embargo, una de las contradicciones más elocuentes que se producen en mi espíritu urbano es que, en medio de la multitud y a veces del hacinamiento y el apretujamiento de la vida, la soledad se va colando en cada palabra y en cada paso de la calle, porque el espíritu solitario aflora en el anonimato de una caminata el domingo al ocaso, en el del pasajero de regreso a casa, en el del niño que imagina monstruos fantásticos en su recorrido uniformado hacia el colegio.


Mis amigos


Mis más antiguos y superiores amigos han ido desapareciendo paulatinamente con diferentes pretextos. Ahora parece que los reemplazarán las estructuras metálicas que se alzan queriendo encontrar señales para comunicar la soledad acompañada de los ciudadanos. Aquellos que proveían sombra y equilibrio en humedad desaparecen por la ignorante acción respaldada en actitudes foráneas e ignorantes: “no pertenecen a este suelo, son de razas extrañas”. Cuánto de insensatez en estos criterios fascistas que descalifican a quienes nacieron en esta tierra; se los calumnia de haber sido traídos de otras partes porque rompen andenes y con sus brazos amenazan la incapacidad y la negligencia de los que deciden su atroz muerte. Los de la Plazuela San Andrés, los de la Panamericana, los de la Avenida de los Estudiantes, los del separador del Champagnat y las Américas, los de los patios y huertos: pinos, urapanes, sauces, acacias y eucaliptos han dejado nuestro suelo y nuestro cielo, y se ausencia ha secado el ambiente, siendo incipientemente reemplazados. Ahora los eucaliptos de la loma de Tescual y del cementerio tendrán también utilidad para un mejor postor, pero ya muertos.
Esos antiguos amigos que me cedieron el terreno para que, entre quebradas y colinas, mi piel creciera al ritmo de mis venas en lo que hoy se ha convertido la selva de cemento han ido cayendo simultáneamente con varias especies nativas de los alrededores que proveen el agua y que paulatinamente han transformado abruptamente el fondo verde “de todos los colores” que el poeta cantó, atropelladas por urbanizaciones que me facilitan el alarde de urbe, pero en las que se truecan el suelo y el agua, dejándome calva y reseca.
¡Cuál sería mi rostro, y cuál la felicidad de ustedes, afortunados mortales, si en cada calle proliferaran quillotoctos, sauces, urapanes, sietecueros, saucos y todas las especies que encontraran en este sol y en este viento la posibilidad de alcanzar el cielo! Sin temor a equivocarme afirmo que ustedes, habitantes, tendrían la felicidad asegurada si mis amigos se levantaran en andenes y terrazas, en balcones y cubiertas; y yo, a mi edad, reencontraría los lazos con mi naturaleza primigenia. Los pájaros volverían a despertarnos con sus cánticos matinales y anunciarían la hora del descanso cuando el sol por el volcán se sumergiera. Los insectos y las especies pequeñas tendrían la humedad para armonizar el aire con las estrellas y la lluvia con la tierra. Se volvería a vivir en espacio y territorio acordes con la naturaleza.


Mi cristal

Hablando de humedad, de naturaleza y de los pliegues que se juntan para generar corrientes en mi rostro, el cristal fluido ha jugado un papel muy importante que no entiendo por qué se insiste en amedrentar. Cauces tapados, otros convertidos en alcantarillas; sequedad insinuada por la construcción de rasgos de cemento y asfalto, perdiéndose el sonido de su choque con las piedras y la frescura de su aliento.
Los cristales que bajan desde el volcán y los del este confluyen en el río que atraviesa de oriente a norte esta piel reseca. Ahora parece que el vómito de los desechos artificiales fuese su fin o la razón de su existencia. Este cauce que me suplía, que me equilibraba, que me daba razones para no envidiar el litoral o la llanura de otras ciudades es hoy sólo un lamento triste y agonizante de lo que significaba para el territorio y la vida de quienes han vivido aquí. Las carretas que vierten escoria en Ullaguanga o en los dos puentes, los excrementos de varios barrios lejanos y cercanos, así como los escombros de mercados y fábricas, hacen cada vez más pesados y menos transparentes sus meandros, sin siquiera darse cuenta de que con su vida se irán la mía y la de ustedes. Imploro desde este segundo su equilibrio y veto a quienes lo maltratan de manera agreste.
Estas tierras prolíficas en verdes y en cristal no son eternas, y del acierto y la sensatez de su manejo dependerá que los hijos de sus hijos puedan correr y jugar por un aire benéfico. Ya lo sentenciaba uno de mis más grandes amigos, el pintor-rey Hundertwasser, cuando decía (Rand 1992):

El hombre comete un error imperdonable cuando piensa que tiene que corregir la obra de la naturaleza. No dice mucho a favor de una comunidad el hecho de que destruya extensas áreas de naturaleza; en cambio, debería ser motivo de orgullo para la comunidad la protección de la mayor extensión posible de naturaleza a su alrededor. Debemos conservar los arroyos, ríos, pantanos y marismas en su estado original y tratarlos como seres sagrados y sacrosantos.
Las corrientes reguladas de agua se convierten en alcantarillas. Ya no quedan peces porque no pueden remontar los canales regulados. La regulación del agua produce inundaciones de consecuencias devastadoras. Enormes cantidades de agua fluyen a una velocidad tan excesiva que la tierra y la vegetación no llegan a empaparse ni a retener el agua.
Sólo una corriente de agua que discurra de forma irregular entre árboles de ribera será capaz de producir agua pura, regular el balance, mantener peces y vida animal en beneficio del hombre.


Mis hermanas

También me convierto en anhelos, en sueños y en metas de personas. A veces me erigen como paraíso para poder vivir, como los oasis en el desierto. Así, la pretensión de vivir en alguna hermana diferente a mí oculta mi realidad de hábitat, desvirtúa mis bondades y los atractivos de mis rincones y de los parques pequeños y desolados o hacinados de la realidad. Como ciudadanos desarraigados y ajenos al lugar que viven, las personas que tienen el ojo puesto en otro centro, en otro escenario, constatarán que el lugar en el que se vive o en el que se vivió contiene una parte de la historia que no se puede borrar. Los políticos y títeres administradores son los más propensos a hacer de mi piel su batalla y luego saltar de mi trampolín al ruedo de sus anhelos.
Lo increíble de mi naturaleza es que, como organismo físico, social y político de un orden humano, me convierto en la condensación de los límites situados más allá de mi territorio, desbordando los paramentos de los sueños de quienes me habitan, convirtiendo mi historia en la historia de pueblos enteros, moviendo la cultura por cuanta imbricación se escabulle del orden y de la regularidad, de la monotonía de la racionalidad moderna. En cada uno de mis surcos, en cada hendidura, surge una flor para refrendar el espíritu original de cada lugar que el cemento me atropelló.
Yo, San Juan de Pasto, como una persona más, adopto la postura de mis habitantes, así como los habitantes se ponen mi traje. Los edificios y los personajes, las plazas y el clima, las fechas y las calles, las noches y las fachadas, los precios y los intercambios se vuelven elementos y rasgos de mi rostro en los cuales, con el tiempo, se me identificará y se me reconocerá, como las arrugas y como las canas en las caras de mis hijos, la tribu de los urbanitas.


Mi pesadilla

Parece que ustedes no saben, ciudadanos de mi piel, que todo cuanto genere consumo superfluo y dilapidación irá a parar a sus propios patios, a su propia casa y habitáculo. No importa a qué alcurnia pertenezcan, ni siquiera su estatura, pues el equilibrio cósmico es ineludible como el día y la noche. Soy, con mis hermanas, el escenario donde convergen de manera cruda el consumo y su afán. Se destruyen bosques y se secan aguas, pero se producen dinero y plástico tanto para atiborrar el suelo y el agua como para satisfacer el ego. ¿Hasta cuándo no se entenderá que el hombre y el hambre no son sinónimos, pero que mi suerte, sin más razón, al aplastar mi naturaleza, lo que hace es nutrir el desierto? ¿Cómo no entender que la economía a la que hay que dirigir la mirada no es la financiera sino la cósmica?
Dice otro de mis amigos entrañables, el ingeniero Eladio (Dieste 1987):

Desarrollo, ¿qué es desarrollo? ¿es deseable el desarrollo? Los técnicos en la materia, hablan de productos per cápita, nivel sanitario y educacional, distribución por edades de la población, etc. ¿Alcanza todo esto? Creo que no. Es desarrollo, desarrollo deseable, todo lo que lleva a que el hombre sea más feliz y se realice más plenamente. El que conozca lo que se llaman países desarrollados, aunque sea superficialmente, sabe cuánto de ese desarrollo es pura vaciedad y tontería, puesto que nada tiene que ver ni con la felicidad ni con la plenitud del hombre… Por eso cuando hablamos de desarrollo, no debemos perder de vista los fines eternos del hombre. Y es en el hombre, en el valor del hombre y de su misión de humanizar y transformar el mundo, donde podemos estar de acuerdo, los que tenemos distintas posiciones religiosas o filosóficas. Es esfuerzo bien gastado todo aquel que lleve al hombre a ser más feliz, a ser más hombre. Por eso está bien gastado el esfuerzo dedicado a la ciencia, al arte, al cuidado de la salud; a hacer de la tierra, de nuestros campos y nuestras ciudades, de veras el hogar del hombre…
Con lo que suele entenderse por sencillez y economía no vacilo en asegurar que no basta: lo que se llama sencillez es más bien simplificación indebida, y la economía se refiere al dinero y a sus manejos; es economía en un sentido financiero. Lo que hagamos debe tener algo que podríamos llamar economía cósmica, estar de acuerdo con el orden profundo del mundo, y sólo entonces podrá tener esa autoridad que tanto nos sorprende frente a las grandes obras del pasado. Esto es lo que olvidan o no quieren que se les diga muchos de los prácticos caballeros que nos manejan: que hay una masa enorme de gente en el mundo creando riqueza, tratando de ajustarse a su orden profundo, y que es esa riqueza la que luego dilapidamos con el descuido, la finanza y la especulación. La felicidad y la plenitud humana no se construyen sólo con el conocimiento de la física; el volver a hacer de la ciudades y de los pueblos recintos humanos, y no máquinas infernales de las que huimos los fines de semana, no requiere tanto una técnica supercompleja, como imaginación y comprensión de lo que debe ser esa ciudad y ese pueblo. Conciencia de que lo que hagamos en el espacio, tiene, querámoslo o no, una elocuencia que nos habla.

Si existe una forma de medir la dignidad de la vida de un ser como yo, ese termómetro, ese parámetro de medida, es la vida de los niños, pequeños habitantes olvidados en la concepción de las urbes, seres extraños al concreto pero que se hacen en él, enanos malabaristas, algunos juguetones y otros aspiradores de pegamento aletargador para no sentirse excluidos de la comida, que se confunden en la jungla con los ejecutivos de cuenta. Las calles ahogan los sentimientos, y la ciudad “endurece las palabras de amor”; de las ciudades se dice que somos civilización, que somos identidad, la de la contradicción, la de los anhelos, la que contiene la historia, de la que brotan los sueños y la soledad, anónima y compleja, madre de vuestras vidas…
Esto es un poco de lo que quería eslabonar con palabras para que ustedes, ciudadanos y transeúntes que me habitan junto con los verdes multicolores que aún quedan, con el inmenso volcán, con los estadios inconclusos y las plazas sin carnaval, con el río nublado, con los panes exquisitos, con los helados más fríos que mis calles, con las cúpulas que desafían la fe —subyugadas ahora por las estructuras de fierro naranja y blanco que buscan señales satelitales—, con los parques hacinados, con los artesanos inmensos y aferrados, con los arribistas que buscan ser de otros lados y que gritan en tierras extrañas que en mi piel no se puede hacer poesía, con mis hijos adoptivos que se enquistan en sus calles, vuelvan a mirar el estrecho valle que me guarda, el trozo de sur que les pertenece a todos, las calles en las que se fuga cada amor, el territorio que se funde entre Cujacal y San Andrés, el telón de fondo que se pierde entre Santiago y Tescual, la tierra que se escapa por Pandiaco y se escurre por el Mijitayo.
Las palabras del poeta-profeta resumen mi anhelo para vuestra casa, para vuestro patio, para vuestra vida (Gibrán 1985):

Pero vosotros, hijos del espacio, vosotros, los inquietos en medio del reposo, no seréis capturados ni domados. Vuestra casa no será un ancla, sino un mástil. No será un velo resplandeciente para cubrir una llaga, sino un párpado que proteja el ojo. No replegaréis las alas para flanquear una puerta, ni bajaréis la cabeza para no tocar los techos, ni temeréis respirar, ante el miedo de que los muros se agrieten y derrumben. No habitaréis tumbas construidas por los muertos para los vivos.
Y aunque hecha con magnificencia y esplendor, vuestra casa no podrá contener vuestro secreto ni cobijar vuestra nostalgia. Porque aquello que es infinito en vosotros, en el castillo celestial habita, su puerta es la bruma de la mañana, y sus ventanas son los cánticos y silencios de la noche.

Atentamente,
La Muy Noble y Muy Leal Ciudad de San Juan de los Pastos


Bibliografía

Dieste, Eladio (1987) La estructura cerámica, Bogotá, Escala (Colección Somosur, 1)
Gibrán, Khalil (1985) El Profeta, Barcelona, Urano
Rand, Harry (1992) Hundertwasser, Alemania, Benedickt Tashen
* Docente del Departamento de Arquitectura de la Facultad de Artes de la Universidad de Nariño, en los componentes de Taller de Arquitectura y Teoría y Crítica de la Arquitectura y la Ciudad.